

Sacado de Anarchism de George Woodcock
(Versión Castellana de Sofía Yvars Fernández)
El anarquismo alemán se desarrolló siguiendo un proceso curiosamente paralelo al desarrollo nacional del país

El anarquismo surgió por primera vez en Alemania por influencia de Hegel y Proudhon; su desarrollo comenzó en los años 1840. con las personalidades muy diversas de Max Stimer y Wilheim Weitling. Stirner, como hemos visto, representaba el egoísmo ilimitado. Weitling se convirtió más tarde en un comunista muy influenciado por Fourier y Saint-Simon. Como los anarcocomunistas, rechazaba tanto el sistema de propiedad como el de los salarios, y en sus primeros escritos -por ejemplo, Garantien der Harmonie und Freiheit (1842) - trazaba el proyecto de una sociedad semejante en esencia al falansterio, en la que los deseos humanos liberados se armonizarían en la consecución del bien común. Aunque Weitling deseaba destruir el Estado tal como era en aquellos momentos, su visión de una sociedad comunista «armoniosa» contenía elementos de estricta organización utopista, que con el tiempo se vieron mitigados por la influencia de
Proudhon.
Tras su traslado definitivo a los Estados Unidos en 1849, Weitling renunció a su comunismo y se vinculó aún más estrechamente al mutualismo proudhoniano. En Republik der Arbeiter, revista mensual que publicó en Nueva York desde 1850 a 1854, criticaba las colonias utópicas experimentales, que eran todavía numerosas en los Estados Unidos, tachándolas de focos de diversión de las energías de los trabajadores, que en su opinión debían enfrentarse con el problema vital del crédito, creando un Banco de Intercambio. El Banco de Intercambio, nos dice en términos muy proudhonianos, «es el alma de todas las reformas, la base de todos los esfuerzos cooperativos». Crearía almacenes donde se vendiesen materias primas y productos elaborados para facilitar su intercambio. En relación estrecha con él, se crearía una asociación de trabajadores para la producción cooperativa, y los beneficios del intercambio permitirían al Banco allegar fondos para la educación, la creación de hospitales y el cuidado de los ancianos e incapacitados. De ese modo, y sin intervención del Estado ni eliminación del productor individual, el Banco destruiría el monopolio capitalista y crearía una estructura económica que haría innecesarias las instituciones políticas. Estas últimas ideas de Weitling ejercieron, sin duda, una influencia mucho mayor en el movimiento neoproudhoniano que se desarrolló en los Estados Unidos durante el siglo XIX que en Alemania.
Otros teóricos sociales alemanes sufrieron también la influencia del anarquismo proudhoniano durante los años cuarenta. Karl Grün, que fue probablemente el converso más ardiente, conoció a Proudhon en París en 1844, y su Die Soziale Bewegung in Frankereich und Belgien fue la primera obra que dio a conocer las ideas de Proudhon al público alemán. Grün era un hombre de letras polifacético que, como Proudhon, ocupó durante un corto y decepcionante período un puesto de parlamentario --en la Asamblea Nacional Prusiana, en 1849- y pasó gran parte de su vida en el exilio, hasta su muerte en Viena en 1887. Fue durante su primera época cuando se sintió más atraído por la filosofía mutualista. Llegó incluso a aventurarse más allá, ya que criticó a Proudhon por no atacar el sistema salarial y señaló que la creciente complejidad de la industria hacía imposible determinar la producción de cada trabajador con precisión y justicia. Por ello, el consumo y la producción debían depender igualmente de la voluntad del individuo. «No debemos tener ningún derecho contra el derecho del individualista.» .
Moses Hess, otro socialista alemán, que conoció a Proudhon y a Bakunin en París durante los años cuarenta, llegó a denominar «anarquía» a su filosofía social expuesta en 1843 en Die Philosophie der Tat. Hess era una figura solitaria y bastante truculenta que se destacó entre los socialistas del Rhin como el rival más importante de Marx. Nunca se encontró tan cerca de Proudhon como llegó a estar Grün, y sus relaciones con Bakunin terminaron más tarde en una disputa encarnizada; pero coincidía con ambos en rechazar el Estado y en repudiar la religión organizada como una forma de servidumbre mental. No obstante, su doctrina era curiosamente confusa. Estaba muy próximo a Stirner al declarar que todas las acciones libres deben surgir de los impulsos individuales, no contaminados por ninguna influencia externa. En el proyecto de un sistema social en el que los hombres trabajarían según sus inclinaciones y la sociedad satisfaría automáticamente las necesidades razonables de todos, anticipaba, en cambio, las concepciones de Kropotkin. Pero introducía en su sueño libertario algunos elementos, como el sufragio universal y los talleres nacionales, que no propugnaría ningún auténtico anarquista.
Ni el anarquismo de Stirner ni el de Proudhon tuvieron una influencia duradera en Alemania. Stirner no tuvo seguidores alemanes hasta después de popularizarse las obras de Nietzsche, y el interés por las ideas de Proudhon desapareció en medio de la reacción general que siguió al fracaso de los movimientos revolucionarios de 1848 y 1849. Transcurrió toda una generación antes de que reapareciese cualquier tendencia anarquista perceptible. En los años iniciales de la Primera Internacional, ni Bakunin ni Proudhon tuvieron seguidores alemanes, y los delegados partidarios de Lasalle que asistieron a un congreso de la Internacional de Saint-Imier sólo coincidían con los anarquistas en su deseo de estimular los experimentos cooperativos.


Gustav Landauer, que se llamaba a sí mismo anarco-socialista, era uno de esos espíritus libres que nunca encuentran feliz acomodo en ningún movimiento organizado. En su juventud, durante los años noventa, se afilió al Partido Socialdemócrata y se convirtió en líder de un grupo de jóvenes rebeldes que finalmente fueron expulsados por sus tendencias anarquistas. Durante algunos años fue discípulo de Kropotkin y dirigió en Berlín Der Sozialist, pero en 1900 tenía ya una postura mucho más cercana a Proudhon y a ToIstoi: defendía la resistencia pasiva en lugar de la violencia, y propugnaba la difusión de las empresas cooperativas como vía realmente constructiva de cambio social. Difería de la mayor parte de los anarquistas en que su llamamiento se dirigía especialmente a los intelectuales, cuyo papel en el cambio social consideraba sumamente importante. Esta actitud fue la causa del fracaso de Der Sozialist, que nunca llegó a tener una tirada masiva, e hizo surgir en él una creciente sensación de aislamiento. Hoy en día, las obras de Landauer -tanto sus comentarios políticos como sus ensayos de crítica literaria- resultan excesivamente románticas. Pero era uno de esos hombres totalmente íntegros y apasionadamente enamorados de la verdad que constituyen lo mejor del anarquismo, y más aún quizá debido a su aislamiento. Pese a su desconfianza hacia los movimientos políticos, Landauer se dejó arrastrar por la ola de excitación revolucionaria que invadió Alemania durante los años inmediatamente posteriores a la Primera Guerra Mundial y, como Meuhsam y Ernst Toller, se convirtió en uno de los dirigentes del Soviet bávaro. Murió a manos de los soldados enviados desde Berlín durante la represión que siguió a la caída del Soviet. «Le arrastraron al patio de la prisión -dice Ernst Toller-. Un oficial le golpeó en la cara. Los hombres gritaron: ' ¡Bolchevique asqueroso! ¡Acabemos con él! ' Una lluvia de culatazos cayó sobre él. Le maltrataron hasta que murió.» El oficial responsable de su asesinato era un aristócrata junker, el mayor von Gagern. Nunca fue castigado, ni siquiera sometido a juicio.
A principios del siglo actual, la tendencia anarcosindicalista superó rápidamente el nivel de los pequeños grupos

[2] Mackay fue un rico escocés, nacido en Greenock, que se nacionalizó alemán y que publicó, además de una biografía de Stirner, una novela titulada The Anarchist: A Picture of Society at the Close of the Nineteenth Centry [«Los anarquistas: Retrato de la sociedad a fines del siglo XIX» ] , que le define como una especie de Gissing libertario de segunda fila. (Nota de Woodcock.)