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El Rebaño de las Ovejas Negras


EL REBAÑO DE LAS OVEJAS NEGRAS

ANTES QUE NADA: Esto que viene a continuación sólo podrá valer para algo si se examina con un espíritu autocrítico, al margen de quién lo ha escrito y sin querer ver en ello un intento de atacar a ninguno de nosotros sino a la mediocridad de TODOS nosotros. Esto es un escrito que salió allá por el año 2001 tras el fracaso de la Coordinadora Libertaria de Madrid. Quiero compartir con otros personas reflexiones fruto de mi experiencia. Este texto no es objetivo, lo ha hecho alguien que tiene sus propias ideas respecto a cada cosa. Puede que te identifiques con unas cosas y con otras no. Para ayudarme en mi explicación he usado ejemplos y he nombrado a grupos CARICATURIZANDOLOS como hago por ejemplo con los punks o los veganos. Pero quiero dejar claro que con estos ejemplos no digo que tengan que ser siempre así (aunque si los he puesto en esta “memoria” es porque en mi experiencia personal si me han decepcionado bastante en su mayoría). Algunas cosas de las que se nombran aquí, vienen del mundo de la militancia política y supongo que os costará mas entenderlas si no las habéis vivido. Sin embargo también se explican situaciones que cualquier persona que tenga un poco de vida de calle puede ver. También reconozco que puede ser confuso el hecho de que a veces me refiera a los anarquistas, otras veces a los antifascistas en general y otras veces a movimientos con motivaciones políticas no organizados (como son a veces las tribus urbanas). Esto es debido a que mucho de lo criticable que se trata aquí en ocasiones es válido para un grupo político específico (el anarquista, que es de donde procede el autor) y otras veces es aplicable a movimientos de diversa índole siempre dentro del espectro antifascista-antiautoritario. No he escrito estas líneas con afán destructivo. Esto parte de una autocrítica. Yo he sido igual que vosotros, he tenido vuestras mismas ilusiones y he cometido vuestras mismas estupideces. Pues ya es hora de que nos paremos a pensar en ello.

Cuánto tiempo llevamos perdido intentando comprender en qué es en lo que fallamos, porqué tropezamos una y otra vez con la misma piedra. Cómo es posible que a pesar de que nuestro objetivo era cambiar el mundo no fuéramos capaces de entendernos y aguantarnos y surgieran problemas que nada tienen que ver con lo que llamábamos lucha.

Desde mi experiencia en colectivos y organizaciones me gustaría hacer una reflexión acerca del motivo por el que estos proyectos desaparecen (o se dividen) con la misma facilidad con la que aparecen, y lo que es peor, este final no está motivado por una derrota en la “lucha” (me hace mucha gracia lo devaluada que está esa palabra) sino que antes de que haya dado tiempo a enfrentar el discurso del colectivo X con la realidad, se va todo al carajo. No nos vencen nuestros enemigos sino nosotros mismos. ¿Qué es lo que está pasando? Algo se mueve en el “mundillo radical” y parece que nadie está dispuesto a analizarlo ¿soy el único gilipollas al que le parece raro que siempre acabe pasando lo mismo?

Al principio me podía valer eso de que fulano es “de palo” y claro…y mengano es esquizofrénico y ya se sabe…Pero llega un momento en el que piensas que o tu eres la única persona válida en el mundo (lo cual sería bastante pretencioso) o es que aquí algo no funciona y habría que hacer un análisis serio y profundo que vaya mas allá de lo aparente.

En mi opinión, además de hacer magistrales estudios de la sociedad (la sociedad capitalista crea que bla bla bla,…) habría que fijarse más en el individuo en su contexto social. Preguntarnos qué es lo que lleva a las personas que forman los movimientos antisistema y se integran en colectivos a meterse en ellos.

¡Ojo! No se trata de hacer “juicios” de purismo para ver quien es sincero y quien es un farsante, sino de tratar de comprender a cada persona que está dentro de un conjunto para entender por qué el grupo falla como proyecto político pero, al mismo tiempo, ha creado una micro-sociedad donde las relaciones sociales no se desarrollan de la misma manera que fuera de este. Cada persona es una realidad diferente y como tal hay que tratarla. Esa realidad está muy por encima del conjunto, que es artificial al contrario que la persona.

Es una realidad incuestionable que movimientos contraculturales (que es donde se ve más claro) como el punk o el skinhead, se nutren en un 99% de personas que antes de formar parte de ellos y de adoptar esa imagen de duro, de rebelde, sufrieron una niñez y/o adolescencia difícil y traumática con problemas de escasa autoestima, problemas psicológicos, carencias afectivas, etc.

Los motivos son abundantes: el ejemplo del niño gordo o flaco, la niña con gafas, el impopular entre los “amigos” al que todos toman el pelo, el marcado por la separación o abandono de los padres, ….rasgos casi todos ellos de una sociedad extremadamente competitiva que desprecia cruelmente a todo aquel que no es el número uno. Pues bien, ante esto, todo este tipo de personas ocultan tras una imagen agresiva (orientada a la autoprotección) una personalidad muy débil y buscan refugio en el grupo.

Bien, pues cada vez me doy mas cuenta de que el movimiento libertario/antifascista no es una excepción y se ha convertido en un lugar donde los “juguetes rotos” puedan mantener unas relaciones sociales que, de otra forma, les serían mucho mas difíciles de conseguir y superar situaciones de bajísima autoestima.

Es una curiosa coincidencia que la mayoría de las personas que forman los colectivos u organizaciones (o movimientos ligados a estos) suelan abusar de las drogas en general. Aquí se cumple lo del dicho “prefiero ser cola de león que cabeza de ratón” aunque de una forma un poco mediocre “como la sociedad que me rodea no me admite/valora, voy a formarme una yo, mas pequeña donde los valores dominantes sean los míos, con gente que se sienta como yo, no para luchar por cambiar las cosas sino simplemente porque el ser humano es una animal social y necesito de un grupo donde sentirme valorado y reconocido”

Que nadie entienda de esto que pretendo decir que el haber sufrido los problemas de los que he hablado conlleve por necesidad acabar siendo un alienado. El hecho de haber tenido estos problemas puede servir para que la discriminación que sufriste tú te haga ser más receptivo y sensible con la que sufren otros y tú mismo en temas más generales (por ejemplo el racismo, la pobreza,…) y fruto de una reflexión y comprensión política te decidas a luchar contra eso. El problema es la gente a la que sus problemas anteriores no la han hecho relacionar una cosa con la otra, no hay una reflexión / comprensión política, no hay un interés por la ideología sino un servirse de ella para conseguir unas relaciones sociales que con sus limitaciones les costaría mucho conseguir.

Por tanto, no se pretende cambiar ninguna realidad que no sea la del propio individuo. No se busca un cambio social sino meramente individual. Sin embargo, para ser reconocido hace falta un grupo que te reconozca y se identifique contigo. Por eso, aunque los intereses sean individuales, estos solo se consiguen en el colectivo.

Es de esta forma como las ovejas negras de la sociedad se juntan y forman…otro rebaño!...Eso si, de ovejas todas negras.

1.-“NO NOS MIRES UNETE”

Podríamos empezar a definir los rasgos distintivos de estos rebaños. Por descontado que un grupo cualquiera podrá tener algunas características y no todas de las que hablare a continuación. Supongo y espero que no exista ninguno que lo reúna todo.

Lo primero a destacar de estos grupos es lo cerrados que son en cuanto a que casi todas las relaciones sociales se desenvuelven de él hacia él. El grupo de amigos suele estar formado por la gente del grupo, las relaciones de pareja se suelen dar también entre gente del grupo o de otro grupo afín…

A veces el rebaño cuanta con una imagen o estética propias y comportamientos particulares.

Hay un culto a los nombres, siglas, etc, o a una tendencia distinguida de otras dentro del mundo alternativo como puede ser el veganismo. En definitiva, a mostrar lo que me identifica de los míos y me separa del resto. Se quiere ver el nombre por todas partes (como si habláramos de “taqueos” grafiteros) ¿Por qué? Porque es mi imagen pública, es lo que me permite ser popular y cuanto mas “curro” de colectivo más reconocido estaré en el mundillo alternativo.

En cada sitio, barrio, bar, instituto,…salían siglas de un nuevo colectivo que a la hora de la verdad no hacia nada…pero, ¿y lo que viste tener tu propio chiringuito antifascista?

Esto mismo pasa ante una nueva moda política que aun siga poca gente. Cuanto más se hable de algo por lo que aun sólo luchamos muy pocos, más populares seremos.

Hay una tendencia a intentar crear una paranoia colectiva que de un poco de emoción a nuestras tristes vidas. Eso se consigue hurgando en el morbo, el dolor y el sufrimiento ajeno, pretendiéndolo hacer nuestro…como hacen los políticos para ganar votos.

Se buscan mártires por todas partes que a veces no nos son propios. Casos como el de David Martin (joven asesinado a finales de los 90 por neonazis) o Aitor Zabaleta (joven seguidor de la Real Sociedad asesinado por un ultra del Frente Atlético) a los que se hizo en su momento mártires del antifascismo y se les llamó “compañeros”, son ejemplo de la falta de escrúpulos de algunos con tal de darse protagonismo y que su causa salga por la tele. El hurgar en la vida de las personas presas, no como solidaridad, sino como una estimulante droga que nos permita evadirnos un poco de nuestra rutina. Todo ello es la lógica del “reality show” que alimenta una necesidad de emociones fuertes que nuestras ideas a veces no logran satisfacernos. No nos importa la vida de mucha gente hasta que nos sirven de carnaza.

¿Qué porque digo todo esto? la inmensa mayoría de gente que se escribía con presos dejó de hacerlo hace mucho perdiendo todo contacto…y por otro lado no es muy descabellado pensar que si muchos de estos “super-antifascistas” hubieran conocido en la vida real a David Martín, le hubieran denominado como un “pijo asqueroso” o un “gilipollas más”.

A la hora de divertirse rara vez se sale de nuestro mundillo de ocio compuesto por fiestas de otros colectivos, conciertos de otros colectivos, bares gestionados por gente de otros colectivos…No se le ocurriría a ningún militante curtido frecuentar lugares donde no encuentren “compañeros” con los que entre trago y trago puedan “hablar de política” (que en este contexto no es sino chismorronear) (incluso en alguna fiesta de una casa okupada alguien colocó un cartel diciendo “esto es una fiesta, deja la política para otro momento” y pudimos comprobar que ni por esas) o simplemente para sentirse más arropados y profundizaren algunas “relaciones personales”….ahhhh, como sienta de bien la seguridad del grupo….

A veces me han llegado a reprochar el no asistir a este tipo de actos con lo que parece que se han convertido en un fin en si mismo. Da igual que no pagues las cuotas de tu colectivo o que directamente no estés en ninguno. Da igual que no tengas ninguna intención de ir, por ejemplo, a la manifestación por tu compañero preso. Si se hace un concierto para costear una campaña para ayudarle, lo importante es que te pilles un “pedo solidario” en su nombre, no que luego vayas a estos actos. Da igual que jamás hayas hecho nada por nadie. Lo importante es que las borracheras te las agarres en los locales del “movimiento” (eso es la lucha).

Si alguien muestra ilusión por algo que no esté relacionado con el grupo como un hobby (que no sea uno de los estipulados como alternativos) o un deporte y se gasta una cantidad de dinero en eso, será censurado por los demás (aunque sea implícitamente) y podría ser acusado de “pijo” (a pesar de que muchos de los que lanzan la acusación es posible que gasten mucho más en drogas, lo cual no está mal visto)

Tenemos que tener en cuenta que al partir del caso de gente que ha tomado un grupo de pautas de diferenciación del gran rebaño para formar un rebaño más pequeñito, puede pasar (y de hecho pasa) que, en este rebaño, se reproduzcan las relaciones de poder y dominación que existían en el gran rebaño (que fueron lo que nos hicieron abandonarlo) aunque de una forma mas “alternativa”.

Llegados a este punto surge una necesidad de diferenciarnos dentro del rebaño pequeño para dotarnos de una nueva identidad que nos haga sentirnos diferentes dentro de los diferentes. Es por esto que cuando era pequeño me bastaba con ser anarquista para sentirme diferente de mis “amigotes pijos” que se metían conmigo. Ahora que estoy en colectivos y conozco a toda la gente del rollito y mis amigos son todos libertarios u okupas, o autónomos,…necesito de más símbolos distintivos, necesito personificar mi anarquismo o antifascismo y diferenciarlo del de los demás…si antes me funcionó… ¿porque ahora no?

De hecho hay mucha gente que se pasa más tiempo atacando a los que tiene más cerca, en vez de ir a por el que él dice es su enemigo…¿porqué será? ¿Es el precio de la fama? ¿O es que es más fácil y cómodo atacar a quien se tiene más cerca? ¿Ambas son validas?

He aquí el problema. Lo realmente negativo y alienante de todo lo descrito anteriormente es que todo ello está dentro de unas directrices que la única razón de ser que tienen es buscar la diferenciación con los demás, tenemos que ser diferentes a toda costa.

Toda la gente que comienza a “militar” o a integrarse en algún grupo de carácter “combativo” sufre al menos dos fases:

• El sujeto, al provenir del mundo real no muestra la violencia verbal que muestran los más curtidos. Es ante todo observador y no presenta aún un filtro para relacionarse con los demás de diferente forma depende de si son o no “compañeros”

• El sujeto se ha “flipado” y ha asumido todas o gran parte de las directrices descritas anteriormente. Ha llegado a un punto en que esas directrices y esa nueva vida que está tomando han chocado con lo que esa persona era antes y han podido ocasionar que esta sufra un “shock” y a partir de entonces su carácter se vuelva más extremista. Deja de ser observador y autodidacta y busca más protagonismo. Pierde en gran parte el sentido crítico y se guía más por el dogmatismo (asumiendo los dogmas que le correspondan al grupo del que ha entrado a formar parte). Seguro que conocéis a más de uno que le ha pasado esto (quizás tu mismo)

Para alcanzar tal punto de fanatismo se busca la diferenciación a lo que hay fuera del grupo para reafirmarse dentro de este, dotarle de señas distintivas y yendo más allá, se pretende situarlo moralmente por encima del conjunto de la sociedad (caso de los veganos que nos acusan a todos de asesinos “invitándonos” de forma imperativa a que seamos como ellos). ¡cuidado! Esta característica es común en todas las sectas. Todas pretenden hacer creer que todo lo que hay fuera de ellas es perverso, o sea que cuidadito con lo que nos estamos convirtiendo.

Todas esas características que pueden tener estos grupos pueden crear una falsa conciencia de la realidad. Algunos acaban creyéndose que son una especie de 007 antifascista enfrentado al sistema, que su foto aparecerá en los libros de texto en el futuro y que las decisiones que tome serán muy importantes para el futuro de la humanidad. Si señores, en el antifascismo también hay megálomos.

2.- ¡CÓMO MOLO!

Otro asunto a tratar es que, teniendo en cuenta que partimos de individuos que lo que buscan es reconocimiento y destacar, habrá que ver el proceso por el cual lo consiguen (o lo intentan). Podemos volver a hablar de movimientos como el punk o skin ya que en el caso de muchos es un primer paso para el “gran salto a la fama” que supone ser un “supermilitante”. Y es que si nos fijamos veremos como la pertenencia a estos grupos (culturales o políticos) no es estática y horizontal sino que contiene diferentes grados de aceptación y valoración. Dentro de estos grupos podemos evolucionar como los “Pokemon”.

Para poner un ejemplo fijémonos en el movimiento punk. Para la mayoría de punks (no para todos) hay muchos factores que cuentan (se pongan como se pongan) a la hora de valorar a sus colegas como auténticos punks: que no sea un crío, que esté curtido en 1000 batallitas y borracheras, el tamaño y número de colores de su cresta, él numero de tachuelas por centímetro cuadrado en su chupa, él número de gestos y poses genuinamente punks que sea capaz de desplegar por segundo, etc… La Polla Records ya hablaba de todo esto en su canción “muy punk”.

Para la mayoría de estos individuos cuando llega la hora de quitarse las pintas llega el momento de renunciar a la ideología con la que justificaron su rebeldía, o más bien el momento de darse cuenta de que nunca la tuvieron.

Y es que es muy fuerte el atractivo de las pintas. Como anécdota puedo contar una historia: la ultima vez que ví a un compañero de punkarreo de hace unos años, se sorprendió al verme y me dijo “donde vas con esas pintas de alternativo” “como has cambiado” . Yo sonreí y le di la mano mientras decía “yo no he cambiado, tengo las mismas ideas de siempre”. Fue una de las últimas veces que me saludó. Es un hecho que cuando uno se corta la cresta pasa de ser alguien a quien muchos quieren tener como amigo a un ignorado por los ideólogos de la estética, los que hacen de sus pintas su lucha.

Hace un par de meses me enteré de que el chaval ahora se ha hecho nazi (otro más a la lista de gente que se pasa a la acera de enfrente) y va con rapados fascistas…¡hay que joderse! ¡y dice que yo he cambiado! Supongo que él no, sigue vistiendo casi igual y eso es lo importante.

La susodicha “batallita de ver quien es mas punky”, se traslada ahora al mundo de lo político/izquierdoso (quizás porque sus protagonistas ya libraran la otra anteriormente) y tenemos ahora ante nosotros la batallita de ver quien es más libertario, más okupa, más autónomo,….vivimos en un mundo extremadamente competitivo en todos los campos de la vida y nuestro querido movimiento no es ajeno a todo aquello.

Esta batallita consiste en una virtual acumulación de “puntos” que se consiguen de diferentes formas:

Una de ellas es siendo el más extremista o el más participe en el tema candente que toque cada vez. Hace unos años (mediados/finales de los 90) los temas de moda eran principalmente dos: el antifascismo (debido a la gran ofensiva que se produjo por parte de los nazis con gran número de agresiones y asesinatos) y la okupación (que se puso muy de moda cuando los medios empezaron a darla publicidad con los desalojos de la Guindalera sobre todo). Mas tarde llegaron las modas del feminismo “radical”, la lucha de todos los presos, el insurrecionalismo y el veganismo.

Pues bien, para muchas de las personas que siguieron más de cerca estas modas, aislándolas del anarquismo, la búsqueda de la diferencia de la que hablábamos antes, ha traído consigo la pérdida del sentimiento de pertenencia a un grupo social mediante la conciencia de clase. Tenemos pues, que mucha gente del mundillo hoy da más importancia a que una persona siga su dieta o sea de su sexo a la hora de sentirse identificada con ella, que a la clase social a la que pertenezca. Es posible que en el asunto de la lucha de clases hubiese demasiada gente como para que pudiesen destacar…o es posible que simplemente no tengan conciencia de clase o la hayan perdido ya.

El caso es que en estos puntos se ha desarrollado algo que podríamos llamar complejo de “antes muerta que sencilla” que consiste en el pánico que tiene algunos a que parezca que tienen una postura mas blanda, menos radical, que los demás en determinados temas.

Ejemplos: es difícil encontrar una mujer que en la manifestación del 8 de Marzo recrimine públicamente a las hembristas de la “Escalera Karacola” su actitud discriminatoria para con los compañeros que acuden a esa manifestación. Esto se explica porque aunque su “feminismo” lo vea como algo absurdo y desproporcionado, tengo miedo a decir nada porque yo quiero conseguir una imagen de feminista radical y si me opongo a las “feministas” más radicales de Madrid va a parecer que mi feminismo es más “light”.

De la misma manera, si por alguna razón en Madrid ya no puedes ser un okupa respetado si comes carne, tratarás de darles la razón avergonzándote y nunca comerás en una okupa nada que no sea de origen vegetal. No se te ocurrirá rebatirles porque tal y como están las cosas eso te haría bajar varios puestos del ranking del “movimiento”.

Aunque no compartas para nada (como bien queda patente en tu estilo de vida) los principios del anarquismo insurrecionalista, tendrás siempre frases de elogio para ellos ya que se han conseguido dotar de la estética más radical y extremista y por tanto atacarlos o poner en duda sus principios supondría ser más moderado y light que ellos (a ver si van a decir que soy de la C.G.T….). Si la gente no te toma en serio quema un cajero (o cómprate una camiseta donde ponga que hay que hacerlo) y veras como todo cambia.

Respecto a presos de ETA y el GRAPO, aunque no compartas nada su ideal, coquetear con su mundo escribiéndote por carta con sus presos o teniendo material suyo da mucho juego y te da una imagen de rebelde y peligroso, comprometido en la lucha, que se arriesga y no tiene miedo a nada…etc. ¿Qué mismo da que sean casi los únicos presos que reciben grandes apoyos de organizaciones pro-amnistia? (en el caso de ETA) Esos son los que dan puntos…los demás luego…

Para cometer locuras no hace falta ser alguien comprometido con nada. Existe gente tan desquiciada que puede llegar a jugarse el tipo o la libertad sólo por llamar la atención o rebelarse. No hay más que fijarse en los nazis que apuñalan/asesinan a alguien y van a la cárcel y todos sabemos que el 99% de estos no lo son precisamente por unos ideales profundamente enraizados.

El resumen de todo esto es que no es tan importante que hagas algo como el que parezca que hagas algo. Vivimos en una sociedad de consumo capitalista y hay que dar al público lo que quiere: emociones y distracción que le alejen de su rutina. No importa si los productos que te vende el sistema te sirven realmente para algo y/o los necesites. No es tanto el producto en si lo que importa, sino las sensaciones que transmite. Lo importante es la apariencia, no el contenido.

En los colectivos pasa algo parecido. Se cuidan al detalle todos los comportamientos que un buen militante debe llevar. La castración mental alcanza cotas insospechadas: prohibido decir “puta” delante de los compañeros (detrás de estos como si se lo dices a tu madre), deberás poner arrobas por doquier para no ser sexista, deberás tener cuidado con los gestos y expresiones “sexistas” como levantar el dedo corazón delante de o a tus compañeras, podrás fardar de ser la más feminista y luego llegar a casa y echarle la bronca a tu madre porque la cena no está lista aún… En definitiva ya tenemos el perfil de militante y podremos ver cómo para la mayoría de vosotros sería el idóneo y un modelo a seguir ya que desconocéis su doble moral.

Todos estos ejemplos y más son los que hacen que haya militantes aventajados y meros discípulos. El que haya conseguido conjugar todas estas características…¡enhorabuena!...tu tienes futuro en este movimiento…sin futuro.

3.- “AMIGOS PARA SIEMPRE”

Cabría aquí analizar las relaciones personales dentro de un grupo/rebaño.

En primer lugar, el concepto de la amistad cobra aquí una nueva dimensión. Aparece muy pronto y de una forma muy fácil (muy probablemente con la misma facilidad con la que el sujeto se desliga de sus anteriores amistades).

También algunas amistades anteriores a la creación del grupo entre dos sujetos que luego forman parte de él, parece que se consolidan por el hecho de compartir una “lucha”. En temas de pareja pasa algo parecido.

Con el tema de las “tribus” ligadas a movimientos políticos (otra vez hablamos de punks y skins) también sucede esto.

Salvo excepciones, según si fulano o mengano es amigo o compañero sentimental tuyo, ya sabes que siempre estará de tu parte en una asamblea si hay un tema candente. De la misma forma, si lo son del que se enfrenta a ti, ya sabes que van a estar en tu contra. ¡Bienvenidos al colegueo! Claro que todo puede cambiar y quien antes era tu colega puede volverse radicalmente en contra tuyo por lo que será conveniente que mantengas tus alianzas y sepas jugar tus cartas ¿a que se parece esto más? ¿a un culebrón venezolano? ¿al gran hermano?

La vida en el colectivo se convierte en una historia de simpatías, alianzas, luchas de poder, traiciones, amistades de conveniencia, falsedad, etc.

Uno llega a la conclusión de que eso no era amistad (o dejó de serlo en algún momento) ya que los lazos que unían a ambas personas no eran de afecto verdadero surgido de un conocimiento y compresión de la persona sino que son alianzas de interés. Y este interés está sufriendo continuos cambios. Con el tiempo te das cuenta (después de 1000 asambleas y/o borracheras) de que esa persona realmente no te conocía (o dejó de interesarse) ni sabía cuáles eran tus verdaderos problemas personales que todo amigo que se precie debe conocer e interesarse.

Llega un punto en que no es que se mezcle lo político y lo personal, sino que se hace la misma cosa. Nuestra paranoia colectiva nos ha llevado a una situación en la que no sabemos hacer nada si no es a través del colectivo. Como los que se inventan un dios para dar explicación a lo que no es compresible por la psique humana, nosotros pasamos todos nuestros problemas o conflictos por el “movimiento”, buscando un móvil político a todo.

A veces cuando te enfrentas a un “compañero” en el ámbito personal, tratas de buscar todas las “imperfecciones políticas” y contradicciones que esa persona pueda tener (imperfecciones que antes no tenían importancia o eran incluso graciosas) para dar un absurdo contenido político a esa confrontación. Esto permitirá que gente que no tiene nada que ver en el origen del problema pueda posicionarse del lado de uno o de otro. Comienza el efecto “bola de mierda” que no deja de crecer y el posicionamiento de los “compañeros” de uno y otro lado de una forma cada vez más radical provoca la fractura en el rebaño que se convierte en 2 o más rebaños que cierran filas en torno al líder espiritual. En su más grotesca expresión, todo esto acabará desembocando en una guerra de artículos en la prensa autónoma o libertaria e incluso, llegando ya al paroxismo total, en la escisión dentro de la organización.

Es sorprendente (y muy significativo) ver como esta gente acaba focalizando su odio, su resentimiento, sus deseos de venganza,…en lugar de contra el fascista, el policía, el empresario,….contra el compañero que se supone, es como él o casi.

Respecto a las “tribus” sucedió algo muy significativo. A finales de los 90 cuando el peligro neonazi descendió de modo notable, empezaron a surgir multitud de chavales de corta edad que formaron grupos de punkis y rapados en los cuales, al contrario de sus predecesores (que con los nazis ya tenían bastante), las broncas entre miembros del mismo grupo u otros afines estaban a la orden del día. Por motivos tan “nobles” como el “te has comprado las mismas botas que yo, has mirado a mi novia, tu has dicho que no se qué,…etc” (casos reales) se acababan produciendo peleas y enfrentamientos que con los nazis (u otros de sus supuestos enemigos) ya no se daban apenas.

También hay que destacar que la apología de esa cultura de la calle de la que hacen estos grupos, en su concepto Darwinista (sólo los más fuertes sobreviven) no tiene mucho que ver con el antifascismo sino más bien con lo contrario e implica unos valores que en muchas ocasiones son contrarios a la solidaridad anarquista y al apoyo mutuo.

Lo cierto es que cuando el enemigo aprieta no hay lugar para estas disputas y, al igual que pasa en los colectivos y organizaciones un ataque del enemigo cohesiona a los miembros más que ninguna otra cosa. Una época de folclore y falsa lucha lo que crea es este esperpento.

Eso si, cuando el movimiento no es real sino que es meramente folclórico, este movimiento está condenado a diluirse con facilidad ante una oleada de represión.

Como decían “sin Dios”: “ahora con el miedo no veo las banderas” (miseria y traición).

Volviendo al caso de los militantes políticos, hay momentos en los que se produce una auténtica caza de brujas y cuando hay un problema no se habla de tú a tú sino que se lleva a una asamblea (en el caso de los militantes) que en ese momento se convierte en el tribunal de los colegas o conocidos y que dirá (con un desconocimiento absoluto del problema real) quien tiene “razón”, es decir, quien ha conseguido que en una asamblea existan el mayor número de personas con una opinión subjetiva e imparcial a su favor del asunto en cuestión.

A los anarquistas no nos gustarán las cárceles pero los juicios….nos apasionan!

4.- NO ME PREGUNTES POR QUÉ.

Otro problema: como veíamos antes cuando una persona entra a formar parte de un colectivo sin compartir realmente la ideología que dice tener este porque ni siquiera ha llegado a comprenderla, está afirmando creer algo en lo que no cree. Esto origina que el individuo en cuestión se mueva por una especie de manual no escrito del antifascista o libertario, que dice los 10 puntos básicos (que suelen ser prejuicios) en los que debe pensar un antifascista o libertario respecto a cada tema. Es increíble la cantidad de gente que se considera anarquista o marxista y los únicos libros que ha leído son de “el jueves”.

Este manual se forma de la siguiente forma: la gente, que no se molesta en pensar, sólo copia a los demás lo que ve.

Es descorazonador cuando vas a una manifestación ver cómo entre la gente hay quien parece que sólo sepa decir los 20 cánticos antifascistas (de venta en gasolineras ) tipo “un desalojo, otra ocupación”, “un bote, dos botes, fascista el que no bote”, etc, sea cual sea el tipo de manifestación a la que vayan.

Un ejemplo podrían ser aquellos que, incluso autodenominándose libertarios, lucen y alaban la ikurriña. No importa que represente valores ultra-católicos y medievales, lo único que ven en ella es policías muertos y una provocación que le hace parecer a uno muy transgresor e interesante. Las circunstancias políticas del momento, el hecho de que ETA mata policías (en el momento en que se escribió este artículo) y nosotros estamos en contra de la policía luego ETA mola (razonamiento muy pobre pero muy frecuente) hace que una bandera nacionalista y católica esté dentro del olimpo de los simbolitos izquierdosos. Aquí el “artista” Azagra jugó también su papel importante consiguiendo meter en nuestra cabeza el “todo vale” y “si es de izquierdas mola”.

Todo esto origina a su vez que el individuo al carecer de conciencia real se mueva sólo en el fanatismo, la fe ciega en unos símbolos que no sabe ni lo que realmente significan (pero que le sirven para identificarse), lo cual es muy peligroso y nos acerca totalmente a la forma de ser de los nazis. Eso si, hay una diferencia. En el caso de los nazis, gente así es muy aprovechable por el fascismo. Gente que no piense pero que actúe de forma concreta (“ir a por ese”) o de forma general siguiendo las directrices de cualquier “facha” que diga que hay que hostigar, por ejemplo, a los inmigrantes. En resumen, que al fascismo el militante inculto, ignorante y que no sabe ni por lo que lucha…le sirve.

A nosotros no.

Siempre me he preguntado el porqué de la especialización en la disidencia, me explico:

Según como sea la persona en la que estés pensando, sabes a que manifestaciones por ejemplo podrá ir y a cuales no. Si se supone que estamos hablando de anarquistas, marxistas de diferentes colores, nacionalistas “de izquierdas”,…el hecho de asumir una IDEOLOGÍA debería implicar tener una visión global de la política y luchar en todos los frentes.

Pues no.

Todo esto son generalizaciones pero por regla general las manifestaciones antifascistas suelen estar pobladas de gente con aspecto punk, skin, alternativo y casi siempre gente joven.

En las manifestaciones pro-okupación casi lo mismo pero hay más antiguos militantes y viejos conocidos de asambleas y menos punks y gente no organizada. Por el contrario, en las manifestaciones como las de “no a la Guerra” verás sobre todo a gente con aspecto más universitario, menos “macarra” y con una media de edad mucho mas avanzada.

Por otro lado, un anarquista “puro” no irá a una manifestación contra la Guerra de Iraq puesto que sería ir acompañado de la clase política que son quien convocan esos actos. Lo cierto es que ahora ya no es así y sigo sin ver anarquistas en estas manifestaciones. Hemos pasado de ser los primeros en el mundo en alzar nuestra voz contra las guerras a brillar por nuestra ausencia.

En una concentración como la que hubo hace poco “contra el proyecto especulativo Madrid 2012” o como la más importante que hayamos realizado en los últimos años (13 M), que se salen del esquema “nazis no, okupas si, puta españacongoma2, bebe y lucha, anarquía todo el día,…etc” pues aquí te encuentras en que casi todos los grupos descritos antes han decidido faltar.

¿Por qué?

Sencillamente porque a mi me da la impresión cada vez más de que las manifestaciones suponen para mucha gente un escaparate para dejarse ver y lucir palmito. De la misma forma que nuestros abuelos se ponían más guapos que nunca los domingos y asistían a la misa de rigor, muchos antifascistas, libertarios y demás hacen lo propio cuando llega una manifestación. Es más una cuestión más del “que dirán” que de principios. Aquí podría estar la razón de la especialización. Si hay un alto grado de gente que acude a manifestaciones para relacionarse, es lógico pensar que esta gente acudirá a las manifestaciones donde haya gente similar a la suya. De esta forma un “pacifista” jamás irá a un acto que pueda acabar en violencia (aunque sea con toda la razón del mundo) puesto que lo que importa es que no le “mezclen” con la “gentuza”. Y muy pocos de nuestros personajes de la calle acudirán a una manifestación por Palestina o contra la guerra de Yugoslavia (por ejemplo). El universitario pacifista no quiere que le metan en el mismo saco que al punki “rompe-papeleras” pues eso no es popular entre sus amistades e igualmente el punki antifascista no quiere que le metan en el mismo saco que al universitario “comeflores” puesto que eso no es popular entre las suyas.

Por otro lado, al igual que los católicos que tienen días de sus calendarios reservados a determinados temas, nosotros tenemos el día del trabajador (1 de mayo), el día de la mujer (8 de marzo), el día del antifascismo (20 N),…etc, donde por un día recordamos algo para olvidarnos de ello el resto del año. La misma hipocresía que los cristianos. Manifestaciones vacías de contenido a las que se acude por “tradición” (cada vez menos, …ya ni eso)

El panorama es desolador. Entre la gente de la calle (las ovejas blancas) está fuertemente enraizado el pensamiento de que la política es cosa de profesionales que no tienen más que hacer una eficiente gestión (como si de una empresa se tratara). Se pasa de un partido a otro con una facilidad pasmosa. Se pretende hacernos ver que es el fin de las ideologías cuando lo cierto es que estamos ante un nuevo absolutismo neoliberal que te da a escoger entre capitalismo o capitalismo. Y ante esto la participación de la gente “normal” en sus asuntos es escasísima. ¿y los que se supone que si participan?

La verdad, es que si sólo la mitad de la gente que he visto en estos diez años entrar y salir por nuestro movimiento (con la misma rapidez) se hubiese quedado, hoy seríamos el movimiento político más fuerte del Estado. Si cada uno hubiese puesto granito de arena (en vez de su montón de mierda como tantas veces) otro gallo nos cantaría.

Lo que hemos tenido es una multitud de lo que podríamos llamar “parásitos políticos” y gente para la cual la rebeldía es cómo el acné juvenil, que se va con los años.

El tiempo pone a cada uno en su sitio pero como sigamos así, llegará un momento en que sea demasiado tarde…para todos.

Pedir a un movimiento que sea coherente y que sepa de lo que hable no es querer tirar de él hacia ningún lado, no es exigir nada raro. Si este movimiento no es capaz de responder a esta exigencia es mejor que desaparezca cuanto antes. Que se aparte y deje paso. Ya llegará algo…cuando tenga que llegar.

Un ex Alerta Negra.