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Citas de P. J. Proudhon contra la Iglesia y la Monarquía



Ni mitras ni coronas
Citas de P-J. Proudhon contra la Iglesia y la Monarquía


Las revoluciones son las manifestaciones sucesivas de la justicia en la humanidad.
(De un “Brindis por la Revolución”, pronunciado por Proudhon)

De ¿Qué es la Propiedad?:
El origen espontáneo, instintivo, y por decirlo así, fisiológico de la monarquía, le presta en sus principios un carácter sobrehumano; los pueblos la atribuyen a los dioses, de quienes, según afirmaban, descendían los primeros reyes: de ahí las genealogías divinas de las familias reales, las humanizaciones de los dioses, las fábulas del Mesías. De ahí la doctrina del derecho divino, que aún cuenta con tan decididos campeones.


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Toda monarquía puede ser buena cuando es la única forma posible de gobierno, pero legítima no lo es jamás. Ni la herencia, ni la elección, ni el sufragio universal, ni la excelencia del soberano, ni la consagración de la religión y del tiempo, legitiman la monarquía. Bajo cualquier forma que se manifieste, el gobierno del hombre por el hombre es ilegal y absurdo.


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La verdad cristiana no traspasa la edad de los apóstoles. El Evangelio, comentado y simbolizado por los griegos y latinos, adicionado con fábulas paganas, llegó a ser, tomado a la letra, un conjunto de contradicciones, y hasta la fecha el reino de la Iglesia infalible ha sido el de las tinieblas.
Extraído de ¿Qué es la Propiedad? (1840): P-J. Proudhon, Ediciones Folio, 1999.


De Filosofía de la Miseria:
Desde la elevada esfera en que los ha colocado la religión, los tronos, las dominaciones, los principados, las potencias y toda la celestial milicia, miran inaccesibles a las tempestades, la tormenta por que pasan las sociedades; pero no se extiende su poder a los vientos y a las olas. Nada pueden los reyes para la salvación de los mortales. (...) el príncipe ha sido establecido para conservar, no para evolucionar; para proteger la realidad, no para procurar la realización de la utopía.


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Y digo yo ahora, que esos atributos de Dios contienen algo más que un ideal, algo más que una elevación a la potencia que se quiera de los atributos correspondientes de la humanidad: digo y sostengo que los contradicen. Dios es la contradicción del hombre, del mismo modo que la caridad es la contradicción de la justicia: la santidad, ideal de la perfección, es la contradicción de la perfectibilidad; la monarquía, ideal del poder legislativo, la contradicción de la ley, etc.
Extraído de Sistema de las Contradicciones Económicas o Filosofía de la Miseria (1846): P-J. Proudhon, Ediciones Jucar, 1974.


De La “Oración” de los Kadosch (1):
Mientras el pueblo se incline ante tu altar, la humanidad, esclava de los reyes y los sacerdotes, será reprobada; mientras que un hombre reciba el juramento de otro en tu nombre execrable, la sociedad estará fundada en el perjurio, y la paz y el amor quedarán desterrados de entre los mortales...
(1): El de “Caballero Kadosch” es uno de los tres títulos del grado 30 de la masonería, según el Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

Extraído de La Francmasonería Descubierta y Explicada: León Táxil, Barcelona 1887.

De El Principio Federativo:
(...) así en la monarquía el príncipe es a la vez legislador, administrador, juez, general, pontífice. Tiene el dominio eminente sobre la tierra y sus productos; es jefe de las artes y los oficios, del comercio, de la agricultura, de la marina, de la instrucción pública; está revestido de toda autoridad y de todo derecho. El rey es, en dos palabras, el representante, la encarnación de la sociedad: él es el Estado. La reunión o indivisión de los poderes es el carácter de la monarquía. Al principio de autoridad que distingue al padre de familia y al monarca, viene a unirse aquí como corolario el principio de universalidad de atribuciones.


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He observado a la Iglesia, y de buen grado le hago esta justicia: es inmutable. Fiel a su dogma, a su moral, a su disciplina tanto como a su Dios, no hace al siglo sino concesiones formales; no adopta su espíritu ni marcha con él al unísono: la Iglesia será la eternidad, si lo queréis así, la forma superior del statu quo: no es el progreso; no podría ser por consiguiente, la expresión del porvenir.


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Igual que la clase media y los partidos dinásticos, igual que el Imperio y la Iglesia, también la democracia forma parte del presente, y lo será tanto tiempo como existan clases superiores a ella, una realeza y aspiraciones nobiliarias, una Iglesia y un sacerdocio; en tanto que la liberación política, económica y social no se haya realizado.
Extraído de El Principio Federativo (1863).

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Francisco Pi y Margall -según Ricardo Mella: el más sabio de los federales, casi anarquista, siempre justo entre los justos- durante su estancia en París (1866-1869) estudió y vertió al castellano las principales obras de Proudhon, que junto a las suyas -La Reacción y la Revolución (1854) y Las Nacionalidades (1877)- constituyen el “corpus teórico” del republicanismo federal.