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Antonio Soto





Antonio "Gallego" Soto.
(por Osvaldo Bayer)


Antonio Gonzalo Soto Canalejo nació el 8 de octubre de 1897 en la ciudad de Ferrol, y su padre murió al poco tiempo de nacer, en la guerra de Cuba. Tres años después su madre se vuelva a casar y viajan a Argentina. Como Soto no se llevaba bien con su padrastro, su madre lo envía nuevamente a Galicia.

A los 17 años regresa a Buenos Aires, en la época en que la capital del país estaba en medio de manifestaciones y diarios anarquistas que incitaban a la lucha. Luego de la Revolución Rusa de 1917, Soto se alinea al sector bolchevique.

A los 22 años se incorpora a la Campaña de Teatro Serrano Mendoza, que recorría todos lo puertos patagónicos. En medio del clima de lucha que envolvía a Río Gallegos, Soto conoce al periodista vasco José María Borrero, quien le propone que abandone el teatro y se suma a las tareas directivas de la Sociedad Obrera, sindicato al cual pertenecía el periodista.

El 24 de mayo en una asamblea general, el gallego es elegido secretario general: las primeras medidas como el titular de la central sindical fue declarar huelga general, ya que los peones rurales bregaban por mejores condiciones salariales. Como la represión policial y militar no se hizo esperar, Soto pudo escaparse y esconderse en la casa de una compatriota suya, Doña Máxima Lista (maximalista, por supuesto). Mientras tanto, el 28 de enero de 1921 llega a Puerto Gallegos el 10 Regimiento, al mando del Teniente Coronel Varela, y el 29 de enero llega, después de haber sido nombrado varios meses atrás el gobernador Yza, quien permite una política de acercamiento entre estancieros y peones, y que pondrá en libertad a varios los presos sindicales. Las promesas del cumplimiento del pedido de los trabajadores permiten el levantamiento de la huelga, aunque las condiciones pactadas no se cumplían totalmente: al contador Eloy del Val, miembro de la Sociedad Anónima Mercantil de la Patagonia, le descargan diez balazos por haber despedido a obreros, aunque el contador sale milagrosamente ileso. Al presidente de la liga patriótica de Santa Cruz, Dr. Sicardi, miembros de la Sociedad Obrera lo paran en la calle y le quitan el arma que portaba, mientras que en el campo siete estancias son tomadas por los peones.

El 9 de julio, en el Hotel Español, se celebraba un banquete para recordar la fecha patria. Al cocinero, el gallego Antonio Paris, perteneciente a la Asociación Obrera, le comunican que entre los comensales se encontraba Manuel Fernández (de la firma Varela Fernández) una empresa boicoteada por Soto. Paris reúne a los mozos, también gallegos, y en nombre de la Sociedad Obrera prohibe que le sirvan la cena: los que esperaban la cena consideran una ofensa a la patria la actitud del personal, quienes deben servirse ellos mismos la comida. Luego de este hecho, meses después la policía encierra a Paris y clausura el local sindical. El 24 de octubre de 1921 se declara la huelga general. En Buenos Aires, el presidente Yrigoyen le pide a su amigo, el Teniente Coronel Varela, que se haga cargo de la represión en la Patagonia: en menos de una semana más de 300 hombres sublevan la región del sudeste de Santa Cruz.

La primera de los alzamientos, que es dirigida por Soto, es totalmente pacífica: se busca la libertad de los presos de Río Gallegos.

El 6 y 7 de diciembre, los militares se encuentran en la puerta de la estancia "La Anita". Los trabajadores se reúnen en una asamblea, en la que el chileno Juan Farina propone terminar con la huelga y negociar con los militares. La otra postura la da el alemán Pablo Schultz, quien dice que la única forma de ganar es pelar. Soto propone que se envíen dos hombres con bandera blanca hasta donde están las tropas y que pidan condiciones (la libertad de los compañeros de Río Gallegos y el cumplimiento de las cláusulas del convenio del pasado año) al jefe militar: dos chilenos son los designados quienes al llegar al lugar son automáticamente fusilados. Los militares envían a tres soldados con bandera blanca que les comunican a los rebeldes que lo único que les ofrece el Ejército es la rendición incondicional a cambio de que se los respetara y se los tratara bien. Nuevamente hay dos posiciones: la de Farina, que quiere aceptar la propuesta militar, y la de Schultz, más que nunca dispuesto a pelar. "Os fusilarán a todos, nadie va a quedar con vida, huyamos compañeros, sigamos la huelga indefinidamente hasta que triunfemos. No confiéis en los militares, son cobardes por excelencia, son resentidos porque están obligados a vestir el uniforme y a obedecer toda su vida. No saben lo que es el trabajo, odian a todo aquel con libertad de pensamiento (...) No os entreguéis", son las enérgicas palabras de Soto.

Se vota en la asamblea y gana la posición de Farina. Shultz dice que no coincide con la decisión, pero que la acata. Soto se niega y responde: "No soy carne para tirar a los perros. Si es para pelear me quedo, pero los compañeros no quieren pelear." A Soto lo siguen doce huelguistas más, y huyen a caballo hacia la cordillera. Los huelguistas rendidos (entre 500 y 600) fueron humillados, torturados y fusilados.

Soto y su grupo se van hacia Chile, perseguidos por el Ejército argentino y por los carabineros chilenos, que intentaban que no entren al país. Los compañeros de la Federación obrera, sabiendo el peligro que corría en la ciudad a la que había llegado (Puerto Natales) deciden enviarlo en barco a Puna Arenas, lugar que tendrá que dejar para irse a Valparaíso. En ese lugar conoce a la hija de los propietarios del lugar en donde vivía, y a los pocos meses se casa. Con Amanda Souper se traslada al norte de Chile, en donde tiene a sus seis hijos.

Ya en Santiago continúa con su actividad política en forma clandestina, aunque las persecuciones policiales lo hacen cambiar de rumbo constantemente. (cuando se traslada nuevamente a Puerto Natale, instala un cine al que llama "Libertad")

En 1936, año en que se declara la Guerra Civil Española, Soto intenta pelear por la República, pero su salud no se lo permite.

El 5 de marzo de 1938 se vuelve a casar con la chilota Dorotea Cárdenas, con la que tiene una hija.

Después de haber trabajado como peón rural, obrero en la fundición, puestero de frutas, chofer de camión, y la fundación de un restaurante en honor a su padre, Soto muere el 11 de mayo de 1963 a los 65 años.